Null: 2º temporada
Juventud
“¡Te odio padre!” fueron las ultimas palabras que debía haber dedicado al hombre que ayudo a darme a nacer. Pero no. Simplemente agarre el viejo petate que mi padre me había regalado al volver de la guerra, y puse rumbo a lugares mejores lejos de él.
Diecisiete años. Había pasado diecisiete años a la sombra de miembros de mi familia que habían destacado mas que yo. Medicos, abogados, matematicos, era lo mas común entre mis primos. Pero yo nunca fui un gran estudiante, mejorando lo dicho, nunca tuve interés en aprender de los libros. Creia que todo lo necesario para vivir en paz con todos y con dios, residía en el aprendizaje del dia a dia. El vivir aprendiendo de otros.
Mi padre fue destinado a aquel lugar, cuando yo solo tenia 3 años, y fue una suerte que pudiese volver herido, pero vivo. Una granada le había reventado la pierna y tres dedos.
Al verlo en aquel pésimo estado, lo destinaron a realizar “gestiones” en un campo de concentración, pero sus heridas nunca curaban y no podría desempeñar ninguna función que requiriese mover bultos, o simplemente leer, ya que el nunca aprendió.
A trece años después de marcharse volvió. No era el héroe de guerra que esperaba. No era como mi madre me mostraba en los retratos. Ya no era el hombre que sonreía, ya no era aquel mozo con vivos ojos verdes, ahora se había convertido en un ser maltrecho, tullido, y con la cara abrasada por el fuego, y todas esas quemaduras acompañadas de espantosas cicatrices por todo su cuerpo. Ninguna balloneta había olvidado reservar un lugar para ella en aquel hombre.
Mi madre, a la que quiero con locura y que dios guarde en su regazo. Lloro al ver el estado en el que se hallaba el hombre que en juventud había sido poeta y bailarin, cosa que ayudo a que la petición de matrimonio fuese aceptada.
Pero no se alejo de el ni un minuto tras su regreso. Amaba a cristo con toda el alma, pero el diablo al que debo llamar padre no. Ella se desvivió por aquel tullido hasta olvidarse de su fe.
Murio en muy poco tiempo tras la llegada de mi padre. El medico no me confeso la verdad sobre la muerte de mi madre hasta que volvi años después para descubrir la verdad. El valiente soldado al que tanto respetaba su familia y vecinos, no era mas que un maldito portador de venéreas. Rebuscando entre sus documentos, encontré su diario, y eran demasidado frecuentes en el campo de concentración las violaciones a sus “visitantes”. Que no descanse en su tumba, y perdón a los gusanos que deban comerse el veneno de su carne. Que no halle reposo ni en cielo ni en el infierno, y que las animas del purgatorio al que envio con ligereza, le proporcione el mismo sufrimiento con el que se fueron.
Tras la perdida de mi santa madre, padre se convirtió en un tirano peor al que sufriamos ya. El no ser como él deseaba, el no poder realizar el servicio militar debido a esta maldita cojera. El jamás aceptaría cargar con una carga. Con un perro inútil incapaz de llevar a cabo sus caprichos y absurdos recados, los cuales simplemente lanzaba, para regozzijarse de su poder. Su vida era tan patética que debía machacar a puñetazos la vida de otro. Desde que mi madre murió, me encadenó a mi habitación. Sufrí, demasiado frio, hambre, enfermedad. Agradezco a dios el no haber muerto en aquel agujero y encontrarme en el despacho desde donde escribo este pequeño documento. Si, esta historia tendrá un final feliz, pero no durara mucho. Ya habeis leído lo anterior.
Estoy condenado.
Pasaron los meses, no sé si pudo llegar al año, mi padre no me dirigió la palabra desde que nos quedamos solos.
Me alimentaba con sobras, ya que en el fondo, unos pocos principios cristianos iluminaban su mente y temía ser enviado al lago de fuego por haber permitido mi muerte.
Viejo estúpido.
Fue un diecinueve de Mayo del año siguiente a mi encarcelamiento cuando porfin pude ver la cara de un ángel.
Noches antes, había oído un ruido en el piso inferior, y desde entonces mi padre no me había pasado comida ni atención ninguna.
Pensaba que había decidido abandonarme, y en cierta medida fue así.
Quien me saco de la jaula se llamaba Gabrielle, tedria unos treinta años mas o menos, y era la mujer mas dulce que había visto hasta entonces.
Pero bueno, esa parte de la historia poco importa la verdad.




Comentarios sobre Null: 2º temporada
Me encanta Rammstein!!

Aunque no suelo escucharlos mucho