Y asi fue como conoci a Lena, años despues tambien cnoceria a maria, pero eso ya es otra historia, no MI historia.
Segui recibiendo visitas de Lena durante semanas, hasta que un dia un carro rojo se la llevo.
Aquel maldito crio se llevo la poca compañia agradable que tenia en años.
Habia pasado veinte años,, demasiados para un hombre sano, cualquiera se podria volver loco, pero poca locura mas puede atormentar un alma demente.
En la tercera noche del quinto mes, conoci al hombre que me convertiria en el ser que soy hoy.
"Viejo tu espera ha terminado" oí mientras subia al campanario.
Su figura era delgada en extremo, sin barba, rubio platino, tenia algo que atraia y alejaba a la vez, olia incluso bien, aunque tenia un acento que me recordaba a casa.
Se acerco,yo me puse contra la mullida pared. Me miro fijamente a los ojos iluminandolos con una vela.
-Mi nombre es Francis Muller ¿Como se encuentra hoy señor?- Mis palabras no eran de su interes, pues no espero respuesta. Apago la vela sin tan siquiera soplarla y la guardo en el bolsillo de su blanco traje. En un bolsillo adornado con un aguila.
-Llevas aqui mucho tiempo, ¿puedes hablarme de tu estancia aqui?- Se sento sobre una caja de vino. Yo me recoste sobre un monton de paja.
-Llevo aqui innumerables años, he visto cosas. He visto niñas morir a manos de la iglesia, he visto a hombres justos convertirse en autenticos diablos. Este mundo es una tortura, una utentica pesadilla macabra. Deseo con todo mi ser que ocurra un milagro que lo solucione.
-¿Y que me puede decir de Eliana Krammer?-Mientras me preguntaba iva anotandolo todo en un trozo de papel viejo.
-Aun la extraño.
-¿Sueñas con tu mujer?
-Hace demasiado que no sueño. Pero esta siempre en mis pensamientos.
-El otro dia hablabas sobre magdalena. ¿Quien es ella?
-¿Estabas escuchando?
-Siempre.
-¿Eres tu aquel por el que no puedo morir?
-Desde que llegaste no has parado de escribir, incluso ahora mismo lo haces. ¿Que escribes?
-Mi pasado, mi presente. Pero aun no has respondido. ¿Eres el que no me permite morir?
-Soy el que obrara ese milagro que tanto deseas. Soy el que te librara de esa maldicion que tu mismo labraste en el mar muerto. Acompañame.
Descendimos por las estrechas escaleras, y nos pusimos a los pies del altar. Dos mujeres de blanco se colocaron junto a Francis. Una de ella llevaba una bandeja, la otra unas correas. Me han pedido que me acueste.
-Respira, solo sera un segundo.- Tomo una alargada varilla de metal, y un cincel.